Los transitarios jugarán un papel clave en la IMO2020, como intermediarios entre el mercado y los expedidores, según iContainers

La nueva normativa provocará una fuerte sacudida en la industria que durará por lo menos un año tras su implementación

iContainers afirma que los transitarios jugarán un papel clave en la IMO2020, facilitando la adaptación de los expedidores a los cambios que se producirán en la industria cuando la regulación entre en vigor el 1 de enero de 2020.

A pesar de que la nueva regulación es una de las más importantes de la historia marítima y de que su onda expansiva llegará a otras industrias, muchos expedidores aún no están preparados y desconocen sus consecuencias.

“Los expedidores acuden a sus transitarios para informarse sobre los cambios y las novedades del mercado y confían en ellos para recibir consejo y actuar en consecuencia,” dice Aliona Yurlova, experta en desarrollo de negocio internacional en iContainers.

La nueva regulación, que entrará en vigor en menos de siete meses, requiere que los buques reduzcan sus emisiones de óxido de azufre desde el actual 3.5% m/m hasta el 0.5% m/m.

Y aunque se abre una nueva era para el transporte marítimo, ésta llegará rodeada de incertidumbre sobre su impacto en operaciones y costes. En este escenario, los transitarios deben estar preparados para actuar como consultores y guiar a los expedidores.

“Como intermediarios, los transitarios disponen de la información necesaria para ayudar a los expedidores a tomar decisiones, como la relacionada con navieras, regulaciones, temporadas altas, problemas de capacidad, tarifas, recargos, etc. Y al mismo tiempo, son los que mejor comprenden qué necesitan los expedidores y las empresas, sean grandes o pequeñas,” afirma Yurlova.

Las capacidades propias de los players digitales serán particularmente cruciales para que la información del mercado llegue a tiempo a los expedidores.

“Los transitarios digitales tienen la ventaja competitiva de ofrecer información instantánea a los expedidores, de manera que puedan actuar y optimizar su cadena de suministro en consecuencia,” sostiene Yurlova.

Se estima que el proceso de adaptación costará entre $10.000 y $15.000 millones. Como resultado, algunas navieras y propietarios de buques ya están repercutiendo a sus clientes —los expedidores— una gran parte de este incremento en sus costes operacionales y de combustible.

Desde una mayor volatilidad en las tarifas y recargos adicionales, hasta mayores riesgos de que la carga sea rechazada o de una grave escasez de capacidad, las secuelas que dejará la IMO2020 provocarán una fuerte sacudida en la industria que durará por lo menos un año tras su implementación.

“El efecto más inmediato será la subida de los recargos. En concreto, podemos esperar que el BAF (Bunker Adjustment Factor) suba considerablemente durante los primeros 12-18 meses,” dice Yurlova.

“Se espera que las tarifas de transporte marítimo suban entre un 15% y un 20% y que la capacidad disminuya hasta un 10%, lo que dejará al mercado marítimo agitado durante el primer año.”

En esta situación, Yurlova aconseja a los expedidores planificar sus envíos con mayor antelación para evitar problemas.

Por ejemplo, si el periodo mínimo habitual para asegurar que un envío transcurre sin problemas es de 2 semanas, los expedidores deberían plantearse ahora planificar con 3 o incluso 4 semanas de antelación para evitar cargos adicionales o para asegurar que sus contenedores salen en la fecha prevista.

“Lo mejor que puede hacer un expedidor es analizar sus flujos anuales —cuánto envía, a dónde, desde dónde, qué tipo de cargas y en qué periodos—, compartir esta información con su transitario y planificar en base a eso.”

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